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LECTURAS (1): Septiembre 2014

Despertarse y encontrarse en medio de un patio amurallado y con la memoria borrada: Hola, temor. La supuesta única salida es a través de un laberinto que no tiene solución y donde la muerte se sienta a esperarte en cada esquina: Hola, pánico.
De todas las distopías que he leído esta me pareció la más agonizante, en el entretenido buen sentido de la palabra. Cada travesía de los personajes era de verdad peor que la que dejaban atrás. En el primer libro, los terrores del laberinto eran suficientemente agónicos, y cuando alguien se atrevió a acercarse a la solución, los psicópatas detrás del juego por supuesto que no se iban a dejar. A medio camino en la lectura todavía no era clara la finalidad del laberinto, pero daba igual a este punto porque todo lo que Thomas pensaba era que no iba a aceptar ese destino forzado.
Increíblemente, el segundo libro superó al primero en desventuras. Algunas pruebas iban más allá del horror, y cuando recordaba que los que atravesaban esto eran niños y adolescentes, peor me sentía. En serio, ¡¿qué clase de psicópata le hace esto a niños?! La acción es constante. Nadie tuvo mucho tiempo de paz antes de encontrarse con la siguiente locura. Las circunstancias afinaron aún más la capacidad de liderazgo de Thomas; me gustaba que fuera decisivo y atrevido para alguien que está abrazado a sus emociones, el miedo en primer lugar. Se supone que en este libro los personajes se encuentran cara a cara con la razón para la creación del laberinto del que "huyeron", pero para mí cada dichosa explicación sólo dejaba más dudas.
El tercer libro es aún más cargado en drama. Suceden muchas cosas, se descubren muchas cosas (por fin), pero hay un arco de la historia que predominó más que los otros y es un golpe horrible para el lector.
Mientras duró la lectura de la trilogía, me apropié de la avalancha de emociones que tuvieron que enfrentar Thomas y los demás ante cada desafío, ante cada pérdida, y ante lo dudoso de sus victorias. Perdí la cuenta de la cantidad de teorías que inventaba intentando explicar la razón de todo pero siempre terminaba sorprendida. Y lo mismo me pasaba al tratar de ubicar a cada personaje en su categoría, siempre dudando de las intenciones de todos, al igual que Thomas. A muchos no les gustó el final, y yo de verdad no supe cómo tomármelo ante la confusión para la que se prestaba. Creo que terminé adoptando el agotamiento que sentía Thomas luego de superar semejante travesía y me uní a su resolución de dejar de pensar, dejar de mirar atrás, y pensar en las posibilidades que presentaba el nuevo escenario.


[ 8 ] Demasiado bueno; una gran experiencia lectora.
[ 8 ] Demasiado bueno; una gran experiencia lectora.
[ 8 ] Demasiado bueno; una gran experiencia lectora.



COMILLA1
No podemos correr el riesgo de que, en algún punto, en algún lugar, aparezca una salida. No podemos rendirnos. Jamás.

—James Dashner, El corredor del laberinto
COMILLA2


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